Sucesos Paranormales

Es recurrente identificar al satanismo y a la brujería con una serie de sucesos procedentes de la cultura popular. El punto es que no hay una, sino múltiples explicaciones para dichos sucesos paranormales, lo que hace que las personas que afirman padecerlos se enfrenten a un problema complejo y carente de soluciones simples. Aún si se hace destacar el estado anímico y su relación con las creencias personales, ello tampoco supondría una solución simple, sino más bien una barrera casi infranqueable.

Sorprendería darse cuenta del número de personas que buscan alcanzar una venganza a través de la hechicería. Lo que estas personas no saben es que la hechicería parte de una auto-afirmación donde se enlazan lo individual y lo colectivo, de tal forma que las acciones que se emprenden generan una repercusión en el conjunto a corto, mediano y largo plazo. Sucede entonces que es propio de una mentalidad monoteísta Occidental, el pensar que somos seres aislados y que las relaciones que se establecen con otras personas y el entorno, son igualmente simples, próximas y que sus efectos se diluyen con el paso del tiempo y a lo largo del espacio. Se piensa que nada sucederá si no se está directamente involucrado en una acción, pero ello en realidad, todo lo que sucede nos alcanza directa o indirectamente.

Al final, el efecto más común deriva de una simple pero terrible palabra: miedo. La creencia judeo-cristiana en un alma inmortal no física y en un Dios que todo lo ve y todo lo sabe (algo así como el deseo más profundo de cualquier monarca medieval e incluso moderno), provoca que las personas crean que han desatado en su contra la furia de este Dios. Si bien lo cierto es que habrá consecuencia impensadas, también es cierto que ellas no provienen de un Dios, sino de las propias acciones. Al conjunto de fuerzas irracionales que nos gobiernan, desde la antigüedad, se les denomina “demonios”, pero no tienen nada de sobrenatural. Todo lo contrario, son las fuerzas mismas de la naturaleza y que ejercen influencia sobre todas las cosas, sin que el ser humano guarde ningún estado de excepción.

No puede haber ningún círculo de sal o de tierra que nos resguarde de un rayo, como tampoco de ninguna de las fuerzas de la naturaleza, mucho menos cuando el presunto “enemigo” se encuentra dentro de nosotros mismos. En miedo, de hecho, comienza un proceso de sugestión que libera reacciones insondables, ninguna de las cuales proviene directamente de la maldición de alguien, sino de los propios procesos naturales que nos rigen y que se ven potenciados o aletargados por las respectivas creencias. De este modo, si alguien cree que ve algo, en efecto lo ve. Si alguien cree que está sufriendo por causa de alguien, en efecto habrá consecuencias nocivas. Se trate de algo cierto o no, basta con que la persona lo crea para que adquiera realidad.

Lo peor es que no se puede cambiar la base de creencias como si se tratara de la ropa que vestimos. Las creencias son como los tatuajes, están en lo profundo de nuestra carne y si bien, puede desdibujarse con el tiempo, no se borran del todo. Tampoco pueden eliminarse sin dejar una marca profunda y sin padecer un dolor terrible. A diario podemos cambiar nuestras ropas y nuestro arreglo en general. Un día podemos parecer ejecutivos, otro día empresarios, rockers, punks, dark, etc., pero no se puede hacer lo mismo con aquello que creemos, que sentimos, que nos agrada, que nos desagrada y que asoma al exterior en nuestra conducta, en nuestro modo de hablar y en el modo en que nos relacionamos con las cosas y con los demás. Al igual que sucede con los tatuajes, aún y cuando podamos ocultarlos bajo la ropa, no pueden permanecer ocultos por siempre. Antes bien, saldrán a la luz con los más cercanos y en los momento más íntimos.

Lo ideal es desarrollar ese modo de ser o bien, enterrarlo con ayuda del tiempo. En todo caso, habrá cosas que permanecerán, algunas veces como un recuerdo y otras, como un miedo inconsciente, dormido, una propensión encadenada que nos impide desarrollarnos y en última instancia, que puede despertar y rebelarse en cualquier momento. Nadie puede escapar de sí mismo, de sus demonios y con ellos, de los respectivos fenómenos llamados paranormales por la ignorancia pero que resultan parte de la naturaleza.

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