Rituales Oscuros

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La expresión siembra temor en lo no iniciados, pues las actuales creencias dividen un reino para el bien y otro para el mal. De manera semejante, el nombre de rituales oscuros pudiera en principio sustituirse por el de “Rituales Prohibidos”. Dicha prohibición, sin embargo, hace destacar de nueva cuenta el carácter liberador de estos rituales y que puede entenderse de múltiples maneras.

Sin afán de ser exhaustivos, expongamos simplemente el contexto general de estos rituales y que, en nuestro caso, hacen referencia a la hechicería o brujería erótica y lo que hemos denominado “artes negras” u oscuras. Los mismos tienen como base el cuerpo físico, la carnalidad, donde toda dimensión usualmente denominada “espiritual” se aprecia como una fuga de la red de relaciones que nos integra y con ellas también, de las responsabilidades que supone.

Usualmente se piensa que las prácticas negras u oscuras coinciden con el libertinaje, pero no hay nada más alejado de veracidad. El libertinaje conduce literalmente al suicidio, tanto individual como colectivo. La libertad, socialmente concebida, deriva de relaciones y de reglas que imponen un comportamiento necesariamente colectivo. Curiosamente y pese a la moralidad convencional, es el mundo cotidiano el que tiende a ese libertinaje en virtud de su énfasis en el individualismo y la tendencia general al consumo exacerbado.

Hay una táctica contradicción entre las mujeres y hombres de la “luz” o que habitan las creencias cotidianas, pues por un lado se les impele a la autosatisfacción egoísta y por el otro, a la responsabilidad comunitaria que tácitamente se le opone. En realidad, la visión del paganismo y con ella, de las artes oscuras es colectiva. El individuo no puede hacer simplemente lo que quiera, pues desata una serie de consecuencia para sí mismo y su entorno. La acción individual es una apariencia derivada de nuestros límites corporales pero que son precisamente eso, “límites”, que nos unen a nuestro entorno social y al ecosistema en conjunto.

Así entonces, la práctica del erotismo ritual resulta liberadora pues a través del cuerpo, se aclaran los vínculos que unen al individuo con su entorno. Otros cuerpos con los que me relaciono de manera sexual, afectiva y por una amplia gama de intereses. Así por ejemplo, a diferencia de las creencias establecidas y que hasta fechas recientes tratan de equilibrar las relaciones de poder entre hombres y mujeres que históricamente han promovido, desde la hechicería lo que se busca es el balance.

El cuerpo es un templo y el de la pareja, tanto ritual como afectiva, un templo equivalente al mío pero distinto y que impone accesos tanto como límites. En el erotismo ritual, se trata de afirmar las respectivas diferencias para establecer relaciones íntimas y estrechas. Al mismo tiempo, se asume que los conflictos no pueden resolverse sino haciendo efectivas tales diferencias y afirmando la colectividad como un círculo que se cierra frente a la adversidad.

No se trata, en consecuencia, de fomentar la obediencia a un conjunto de principios, sino el auto-conocimiento y la auto-afirmación individual potenciada colectivamente mediante círculos de afinidad. De esta simple manera se definen el conjunto de prácticas rituales que usualmente se denominan oscuras y que implican las más amplias variantes. Por ende, no hay algo así como una relación unificada sino círculos concéntricos que entran en común como manifestaciones diferentes y diferenciales de un mismo centro ardiente o fuego siempre vivo.

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