Niña

Vamos dulce niña, date la vuelta y que me arrastre el caudal de tu cabello oscuro. Yo soy ese, tu aliento. Soy la palabra de tus labios de fuego; víctima de tu lengua que flirtea, semejante a tu cuerpo desnudo. Anda vamos, oprime. ¡Hazlo fuerte! Soy un fruto que no puede más que contemplarte y está por amanecer.

Querida, ¿por qué no puedo ser la cortina que ahora te abraza desde la ventana? No saltes por favor. Anda, mejor ven y cierra tus ojos. Revive conmigo las caricias del satín. Anda ven, entra en la tina conmigo. Quiero inundar tu vientre y que sea el agua nuestro único testigo. ¡No deseo que mueras, mi amor! Por favor, date la vuelta y permíteme soñar con tus venas otra vez; con ese, su murmullo. Mi amor, ¿no ves que si mueres yo me quedaré aquí, encerrado en esto en que me has convertido? Soy una tumba de lenta agonía que sólo respira por el eco de tus arterias. Por favor pequeña, ¡hazlo ahora! ¡Ven, por favor! Si tú mueres antes de repetir mi nombre, no quedará rastro alguno de mí sobre la calle, tan sólo un intenso orgasmo carmesí que pintará las paredes con sombras.

Niña mía, si me anhelas, repite mi nombre. Anda dilo una vez más, permíteme recordarlo. Arrójame, anda. ¡Hazlo! Si estas lista para morir, entonces libérame o átame por siempre a tu boca. Si haces como te he dicho, si me nombras, tu morirás y yo desapareceré en el caudal de la vida corriente; lejos de la tumba de tus piernas. Tú morirás y yo viviré como una mancha de olvido. Anda, tal vez aún puedas escucharme. Por favor, mira, te contaré sobre la araña; esa que conocí cuando era un insecto mortal. Todo es tan nítido ahora, que podría revivirlo eternamente. Anda preciosa, una historia más, te lo suplico. Te lo diré todo y así vivirás de nuevo, de la misma manera en que todo comenzó…

–Símbolos–

Símbolos de placer.
Símbolos de deseo.
Tus piernas y tu piel
en puño de hierro.

Flama ardiente.
Lengua inquieta.

Cera calcárea
de cabellos carmesí.

Un recuerdo que enmudece
luego de ser obstruido
por la fina telaraña unida al poste.

Botas negras hasta la rodilla;
calado negro a mi costado;
promesa del necesario alivio para mis labios.

En un instante, anhele probarlo con mi lengua
y que ésta danzara en torno a tus pezones.

Hilo tras hilo de uñas negras
cual agujas que bordan al azar.

Víctima de las sombras;
cielo azul ensombrecido
y un extraño frío.

La pierna descendió lo suficiente
para darme acceso.

Tomé ese muslo firme
y las manos hicieron el resto

Luego de penetrarte, devino la oscuridad de tu nombre unido al mío;
el olvido y la búsqueda de tu aroma, de tu sexo, noche tras noche.

He de alimentarme ahora de cada cuerpo;
huelo el viento.

Sé que has puesto tu telaraña
en otro lugar.

Sé que ahora,
más como yo buscan su nombre unido al tuyo.

Allende las sombras sin dormir;
presas de tu calado, cual etéreas nubes de humo.

¡Sólo anhelo! Sólo Eros, niña mía.

Sólo Eros…

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