Fugaz Eternidad

Ascenso y descenso convergen en ese punto-instante fugaz de eternidad. Allí, en donde todo nacer es también morir, presente o tensión conformadora en donde todo converge: nacimiento y muerte, pasado y advenir; tu ano, tu vagina, el clítoris, tu semilla, en donde cada punto suspira; adviene tensión.

Eros, coito, segundo… mi mano en tu mano, mi corazón en tu corazón, semejantes a Inanna y a Dúmmuzi. Tus muslos, dos gotas de miel que se extienden hasta mi garganta. Mordisco a mordisco, beso a beso, bebe el mar las aguas profundas de tu misterio y sólo entonces, el árbol puede crecer hasta alcanzar su plenilunio. Allí, en donde mascullas mi nombre con levadura.  Allí, extendida sobre el río de semen que alza hasta tu vientre. Allí y allende las faldas de la cordillera, en donde sigue mi lengua el rasto de tus cultivos de leche fresca.

¡Vida! ¡Mi sagrada Vida! Mujer de miel que siempre me endulza. La leche de mi cuerpo sabe a tus muslos de primavera; aroma que desprenden tus pétalos de tibia oscuridad. Quisiera penetrar con mi lengua la casa del polvo y extraer con un suspiro tu orgamo; absorverlo lento entre tus espasmos; arrancar con mis dedos las tiras del liguero y llevar su punta hasta tu ano; envejecerlo con el latido de mis dígitos; acariciarlo con mis latidos.

Chupar, anhelo chupar la vida de tus piernas, extraerla de tu vagina, dejarme llevar por esa tumba bendita de la cual todo proviene, hasta desaparecer entre tu vagina. Quiero sembrarte de mil noches silvestres, luna y vivir con el esperma en tu cielo. Anhelo abundar en tu saliva para sembrar mil jardines con tus letras. ¡Vida! ¡Mi sagrada Vida! Cuánto deseara clavar las uñas en tus nalgas de seda invisible para robar un poco de tu elixir.

Siento las paredes de la tumba como esa vulva que devora el paso de mi azado. Un beso en tu clítoris, apenas una caricia he depositado, apenas un instante, presente-presencia, punto-tensión continua como una semilla o gota de esperma. Quiero besarlo con la punta de mi pene, quiero sentirlo suave, deseo admirarlo, deseo besarlo quedo antes de penetrar tus secretos; lento, en un vaivén que recuerda la cuna y el descenso del ataúd en la tumba.

¡Vida! ¡Mi Sagrada Vida! Siento enloquecer cuando mi falo entero penetra tu garganta. Succionas fuerte, abrasadoramente, como una flama; lengua bífida que envuelve la carne amortajada por el deseo fugaz de un cuerpo sin alas para volar. Extrae esa leche que te pernetece. Vierte tu miel y entonces hierve… ábrete… fugaz como una tumba… como un orgasmo… como un segundo… como el presente… eterno pasado que adviene.

Eterno como tu beso de abismo incandescente.

Tu vulva… mi secreto…

Tus labios… mi alimento…

Un beso… un segundo eterno…

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