Cabellos Negros

Cabellos de miel, cuenta tras cuenta, como una fantasía oculta tras el collar de ambar de tus venas. Ojillos que saltan  en derredor cual estrellas de madrugada, centelleando, destilando lágrimas de semen nota tras nota, tecla tras tecla, como el piano desnudo de mis manos. Todas se desprenden de ese hilo que pende entre tus piernas, infernales flamas; lira suave, acompasada; secreto del hueco, del nido que no podrá alimentarse más de mis pecados, sólo calumniarte con mis ruegos. Ahí, quieto, somnoliento, semejante al arrecife que se alza cual pene erecto. Estás ahí, oh clítoris, muerto… y tus gotas empapan con cera de diamante la almohada de mis ansias.

Tus muslos, tus pechos desnudos son un altar de tensión, empero también notas que regala el mirto en señal de los campos de labranza; orgía de luciérnagas pendientes de la telaraña. ¿Y el zafiro? ¿Y la esmeralda? ¿Esa nube de humo a dónde hará ido a parar? ¿A dónde ha ido esta noche, luna clara, ahora que estremeces al pensar en el nuevo día? Así como el ambar, tus cenizas braman desde lo profundo. Ahí, donde ha ido a parar la voz que habita el útero; el origen y el destino.

Ardiente noche, Nyx de cabellos negros, arrebata la pluma de mis dedos. ¿A quién secuestraré de la sábana mortuoria? No puedo siquiera deletrear el nombre de su cripta empero la siento, aquí, entre el pubis que llena mis dedos; aquí, sujeto de los pastos entre la cuna del rayo, en el cuenco estertor del arco, en la cavidad resonante del Tártaro. Aquí, donde fluye el agua tibia. Aquí, en el agua de limbo; entre mis deseos de seda y de mandrágora. Aquí entre las teclas del piano que lo engendran todo. Y también aquí, entre tu sueño…

No hay mayor presencia que el orgasmo, justo aquel que deshace en millardos de fragmentos iluminados el negro esplendor de la noche. La sangre yerma de su regazo, las estrellas. Aún ellas no pueden redimir los terrores del parto y así se aleja para vivir el sueño del olvido: cáe a pedazos, como ellas, semejantes al ir y venir del coito; como la semilla de trigo o de granada; como la miel del inframundo; como tu murmullo…

ahí, donde habitan los Titanes; ahí, en donde yace el eterno calor de tu gruta. Ahí, por entre el fresco, húmedo aroma de tu cabello, de tus senos, Nyx, de tu misterio…

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