Noches Escarlata

Para Jassibe

Sueño de noches escarlata y solitaria luz de plata en el cielo. Noche clara, sobre la que descansa tu cabello; destino por igual de mortales e inmortales. Hetaira de brillantes estrellas, noche estival, permite que nuestros cuerpos hablen, derramándose por los poros de un ardiente palpitar. Permíteme penetrar las fuentes del mar y que mi vela arda allende la tibia oscuridad de tu vientre; cera hirviente, gota a gota, letra tras letra, beso a beso que se derramará como un murmullo hasta tatuarte, hasta marcarte y así el aroma de mi luz trasladará tu secreto. Así es tu silencio, Jassibe, botón de flor.

Padre mar y madre tierra, aire espíritu y fuego que todo lo llena, descubran el canto de la princesa, de la doncella. Allende el profundo sitio del Hades –paraíso perdido del oído–, en donde las sombras arden con tu palpitar. Allende el Tártaro en donde tu quejido se muestra como Alêtheia. Allende el resuello o pulso que susurra tu nombre al oído. Así es tu sonido, doncella, serpiente del viento; encanto y lamento del mirto; pétalos carmesí que flotan sobre las aguas del olvido. Así es voz, doncella y tu sonido: sonidos de la Tierra profunda; sonidos del útero, de la vagina; la perpetua cuna, caverna ígnea.

Jassibe, siento el oleaje entero de tus piernas envolver la piel de mi cuerpo. ¿Es tu saliva o tu flujo? La miel de un primer coito que me embriaga, arrastrándome hacia lo profundo; arrebatándome como el licor; suave delirio del ave atrapada en la corona de la flor. Ese, tu capullo deseo alcanzar y así te abro, precipitándome más y más en la profundidad de tu nombre; vaivén que deviene en tempestad; puños enardecidos que se alzan contra el cielo y gritan; bocas que se palpan hasta alcanzarse en un mismo quejido. Y así tus muslos me envuelven con su sonido, melodía marina que me arrastra por tus venas; semejante al río de semen que viaja por tus piernas. Asimismo las tomo alzándote, hasta dejar expuestos tus ovarios, tu capullo, tu secreto; ese del que deseo libar y que la erección de mi lengua pretende, deslizándose yecta hacia tu viente; doblada como una flor Jassibe y sin embargo, a punto estás de romperme; tu cuerpo se sacude a marejadas y mi barco naufraga.

La costa arde, Jassibe, mi glande te arrebata como hace la pala. Una y otra vez y tu sonido, tu nido, tu capullo arde con el silencioso recuerdo de tu nombre. Sólo un grito más podría derramar las cuentas de tus ojos. Sólo un quejido y la arena de mi piel se derretirá entre tus dedos. Sólo un movimiento y mi semen alcanzará la corriente tempestuosa de tu cuerpo.

Sueño de noches escarlata y solitaria luz de plata en el cielo, esplendor que tu cuerpo refleja como un espejo, en tanto esos, tus pezones erectos, advierten el sendero que ha de seguir mi antorcha hasta tu boca; para penetrarla, para seducirla y robar un poco del tibio y dulce hálito de tus labios. Esos, tus dientes se trasladan por todo mi cuerpo para verter sobre mi huerto tus palabras; un duce arroyo de silencio; voz o infinita oración que lleva mi nombre: “Mantus” escucho pronunciar en tanto callas; “Mania”, van y vienen tus nalgas, tus labios. Ellos succionan, ellos aspiran, ellos inhalan el flujo lácteo que anhela por alcanzar la miel de tu garganta.

Tras derramarse, la noria no se detiene, continúa su marcha. Una y otra vez hasta que el orgasmo beba tu sangre y pueble la oscuridad… de mil noches escarlata.

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