Monte de Venus

La caricia de los cielos ausentes de tu belleza, configura ríos de seda carmesí que se desprenden de los balcones; cáen por los tejados y se derraman a lo largo de la calle. Ahí, donde la piedra y el hierro ofrecen un aspecto baladí a la forja de inhópspitas prisiones, las celdas se detienen; el tiempo cede y rueda por las coladeras, se pierde. Todo desaparece lento: los esclavos sin culpa; los mesías del desierto ascendente y los rebaños de traidores que cuelgan de cabeza. Las ramas de tus brazos, cual relámpagos de diamante enardecido, sólo respiran tu nombre, Gomorra; proferencia nocturna que masculla el dulce balbuceo de su amante, Sodoma.

…y la tierra se extiende hasta mi lengua.

Labios negros, derramen una gota de sudor. Cual afluentes del Nilo en creciente o manantiales carmesí que alimentan el grial de vino tinto, la cruz de mi cuerpo desnudo te observa parir ilusiones insospechadas. ¿En dónde están las joyas de tu belleza, Sodoma? ¿En dónde se ocultan los jugos de tu espíritu, Gomorra? Mujer, si he de resucitar, necesito beber de tus senos.

“Bebes más y más y no te sacias. Más y más aún y lo quieres todo”. Sodoma, Gomorra, pregunto por tu icor y la respuesta es siempre la misma: “Bebe de él. Ahí de donde mana. Aquí, donde crecen los olivos…”.

…de mi vagina y su agua de limbo.

La luna cáe a pedazos, empapándonos con el sudor de la mandrágora. Los segundos ruedan de mi boca, se derraman entre tus dientes y mi carne inunda tus ovarios. Sodoma, Gomorra, una sola en tibio beso, dulce almendro. Dísese de mi cuerpo que resucitará al tercer día luego del rayo, reuniéndose para descender de las nubes del cielo.

Jamás sentí unos labios tan brillantes, ni melodía tan asfixiante. ¡Eh aquí un higo! Listo para ser coronado con el olivo. Las púas que me despiertan crecen de tus dedos y cual muslos de otoño sobre el nido del pubis, las Mientes se despejan. Sodoma, Gomorra, una tras otra las caricias de mi lengua auguran lo indescifrable; pechos de fiera silvestre, volcán, rayo de sangre, aurora que desciende en erupción cada veintiocho días.

¡Todo ahí, en el Monte de Venus! Donde se crucifica con uñas de mármol negro. Ora por mí, mujer ¡Espérame! Yo resucitaré al tercer día como un bosque de sendos, largos y poderosos falos que serán vuestro regocijo. Despertaré aquí, donde crecen los olivos: entre tus piernas, Sodoma, Gomorra; lenguas que florecen de frialdad; dos puertas y un latido que agita el viento allende las sábanas…

…en el Monte de Venus.

La voz se detuvo. El sudor contuvo su trance y entonces los ojos se abrieron. El pulso desapareció de sus oídos al instante en que las formas emergentes trajeron consigo el significado y el recuerdo se llenó de olvido. La luz inexorable cerró aquello que los sentimientos habían abierto; dos piernas y su latido…

…en el Monte de Venus.

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