De Profundis

“Mi piel es tan blanca y dulce como la leche y la miel; cual luna engarzada en negra noche, mientras el agudo esplendor de mis dientes cae sobre su piel, para bañarlo con agujas incandescentes que serán estrellas de sudor y de placer. Mi carne, siempre mi carne ha sido blanca; pero también fue amarga, tan amarga como la hiel”.

“Adoro cuando tus ojos se hunden en mi cuerpo desnudo. Adoro cuando tus dedos me acarician como si fuera un piano. Así entonces, quiero estar entre tus manos y perderme; quiero poseerte y que me poseas; quiero apropiarte definitivamente y que me devores, de manera tan devota e intensa, que podamos embarazarnos de una vez. Quiero que me tomes con toda tu fuerza y que me arrojes. Así, como tú mismo lo dices: al abismo, hacia fuera; escúlpeme como al papel, con esas palabras de semen que me llenan”.

“Tengo dolor, me quema el vientre. Tu flama arde como saliva de java. Tan grande eres que mi plenilunio oscurece. Dime Mantus, aquí, abierta como me tienes, ¿es que tengo que devorarte para que no te alejes? Bébe de mis senos y márchate conmigo entre los dientes. Déjame morir, permíteme ir y venir contigo. No te alejes, Hades, Mantus, no me dejes. Y si he de vivir, entonces muere; muere conmigo como lo haces, como lo que eres: eternamente mi amante, mi hijo y mi asesino. Eternamente… mi destino”.

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