Demonología

De Ella provinieron los llamados tres hijos del crepúsculo silencioso. La palabra de la paloma o el pájaro del aire eran sus nombres, como también Luna Mística, la que habita un laberinto encarnado en piedra bajo la profundidad de la Tierra. Y Ella así habló a los cielos tras consumarse el ocaso del tercer día de otoño: “Hace mucho que vivo tras el mimetismo de las olas del Mar. Ahí, donde uno de mis nombres al encenderse la Aurora, emergió de la profundidad con la sangre y el semen del cielo. Desde entonces, el olvido de la existencia nublada sólo me ha nombrado mil veces más. El suicidio del hombre durante el verano me encadenó a la cruz de pedernal y todo cayó a pedazos. Las cosas mismas se dividieron: padres y madres, hijos e hijas, ya nadie espera el otoño ni siembra la nieve con semillas de primavera. Yo  misma soy ahora una mansión derruida, tan solitaria como bella: Luna Mística. ¿Cuántos podrán escucharme todavía? Si es tu deseo, habrás de batir tus alas luego del retiro del sol poniente. Deberás salir de la gran muralla de hierro y seguir el sendero del menhir. Desde ahí, continúa con paso firme por el bosque, pero ten cuidado. Tan estrecho es que verás a los árboles saltar de tu cabeza y palmo a palmo, las sombras comenzarán a reunirse para beber de tu sangre y de tu cerebro. Empero si es tu deseo podrás hacerlo. Si es tu deseo, pase lo que pase, yo te esperaré”.

Luna Mística, tengo miedo, pero deseo ir. No puedo dejarte. ¡¿Cómo podría, aunque tu voz resuene  con escalofrío y horror?! Tú lo sabes, tal vez no llegue nunca. El sendero sólo recibe las mientes de aquellos próximos a los talentos de Orfeo, Ulises o Heracles. Tal vez nunca pueda alcanzarte y sin embargo te veo, pienso en tí y ese grito me parte, me despedaza. El negro hueco de mis entrañas renace con el brillo inconfundible de las luciérnagas, de las musas, de las ninfas. ¡Qué ironía, Luna Mística! Siempre termino pensando en las rosas y en su color. ¿Recuerdas lo que me contaste aquella noche de plata? La sangre que por un amor se derrama, no encontrará la tranquilidad sino la calma; la resignación antes de partir, antes de morir en su palpitar. Por eso creo que mi corazón está en el cielo, como esa llama que flirtea entre las nubes de la oscuridad. Aquella que arranca mi grito de lo profundo del pecho. Luna, mi sagrada luna, soy un lobo. El lobo que soñó alguna vez con ser un hombre. Aquel que abandonó el bosque, el que aprendió costumbres extrañas, el que sobrevivió en hogares de piedra elevada y luchó infinitas guerras. Soy también el animal domesticado; el esclavo. Aquel que confió en los sueños de la razón y  se entregó a sus amos. Soy también el animal que heredó sus pesadillas. Sí, también soy ese, el limosnero que te abandonó, Luna Mística.

Y sin embargo llegó el tiempo de la canícula, la sequía de mil hambrunas y este lobo enfermó. El lobo que soy fue abandonado a su suerte por aquellos que alguna vez defendió. Mi tumba era un riachuelo de hojas en un claro del bosque. Nadie se acercó a mí, pero una vez más, mi corazón reveló que no estaba solo. Brillante como eres, apareciste con tu luz por el bosque y un fuerte latido sacudió mi pecho: “Mi lobo, mi precioso lobo, ¿qué has hecho contigo? ¿Mi amante, mi hijo, mi asesino, por qué huyes de tí mismo? ¿Por qué? ¿Por qué huyes de mí que te adoro? Mi lobo gris, alimentado con guijarros, herido como Aquiles por un rey falso. ¿Por qué toleras, manso, el acoso del hambre y del dolor? ¿Por qué eres capaz de lamer la mano de tu verdugo? ¿Por qué prefieres vivir encadenado? ¿Temes morir de hambre? Más valiera entonces morir pronto que vivir esa existencia miserable”.

Terciopelo negro y plata, tú me hiciste sanar. Ahora, piel nocturna y velo invisible del viento, aunque me corte a pedazos la infame ráfaga del hombre, seguiré ese, tu sendero. Flor de oscuridad, aliento frío y etéreo, tiende para mí tu piel de terciopelo. Pronto llegaré, tan muerto quizá que anhele probar tu carne y tu sangre; o tal vez, tan fuerte y poderoso que pueda ofrecerte la mía. Lo que sea que fuere, cada vez que abra el cielo, aunque no pueda verte, mi corazón lo sabrá y latirá mil veces.

Luna Mística, antes de trascender el sendero del menhir, invoco tu luz brillante de estrella: trece velas para iluminar el abismo; trece velas para encender el páramo fértil de infinitos planos; trece velas para extraer tu fino trazo, tu luz, tu pincel y se derritan mis cansados huesos sobre tu manto. Esfera de mil aromas, la pobre carne de un lobo no será quien libere el aroma de copelia sino tus dedos de estrella; esos que me convertirán en cálida armonía ensordecedora. Luna Mística, une así mi nombre con el tuyo y que fluyan juntos en infinitas cuentas de deseo; diamantes que al encenderse iluminarán las marchitas calles de la tierra.

Nadie más, sólo nosotros, solos tú y yo.

Luna mística y el lobo.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s